Hay una frase de uno de mis maestros que dice: “el problema nunca son las sustancias, sino el mamífero que abre el bote”. Y eso tiene que ver con la información que necesitamos para poder autoregularnos. El cannabis no es que sea completamente inocuo, pues tiene toxicidad. Pero eso depende de quién y de cómo lo usa, del contexto, de la intención con que lo haga. La ventaja del cannabis es que lo peor es que te puede pasar es que no te haga nada o te de una intoxicación que se te va a quitar al poco tiempo. Los medicamentos psiquiátricos a largo plazo, en cambio, producen un montón de efectos secundarios, un estado amotivacional, de desconexión con la realidad. El cannabis ha funcionado como una puerta de salida para deshabituar a pacientes en el consumo de drogas pesadas, y a disminuir la medicación psiquiátrica o ansiolítica. Esa simbología en la que nos hacían pensar que era la “puerta de entrada” hacia drogas duras es la que también debemos transformar, para poder darle al cannabis el real significado que tiene y compartirlo con los pacientes.